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Próxima Cena - Conferencia impartida por Don Leopoldo Abadía

La crisis económica se ha convertido en una inevitable protagonista de muchas
conversaciones. Se habla de economía más que nunca, y muchos términos hasta ahora
desconocidos se han convertido en cotidianos. Pero, ¿entendemos hoy más de economía
que hace unos años? ¿Sabemos realmente qué es y cómo funciona?

Leopoldo_AbadiaLa crisis económica se ha convertido en una inevitable protagonista de muchas conversaciones. Se habla de economía más que nunca, y muchos términos hasta ahora desconocidos se han convertido en cotidianos. Pero, ¿entendemos hoy más de economía que hace unos años? ¿Sabemos realmente qué es y cómo funciona?

Para ayudarnos a comprender mejor las claves de lo que está pasando y de lo que más probablemente nos deparará el futuro más próximo, AGEANET ha organizado una cena-conferencia impartida por Don Leopoldo Abadía el próximo viernes 8 de Junio a las 21:30 horas en el Hotel Husa Princesa.

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Después de siete años. El secreto del Papa Ratzinger.

Nadie lo ha dicho, una semana atrás, en el diluvio de homenajes que se desató por el séptimo cumpleaños de Benedicto XVI como Papa: el elemento que más ha develado el sentido profundo de su pontificado ha sido un temporal.
Era una noche tórrida en Madrid, en agosto de 2011. Frente al papa Benedicto, en la explanada, un millón de jóvenes, con una edad promedio de 22 años, desconocidos. Imprevistamente un remolino de agua, de relámpagos y de viento se abate sobre todos, sin ninguna posibilidad de cubrirse. Vuelan por el aire manojos de focos, vuelan lejos carteles, también el Papa se moja. Pero él se queda en el lugar, frente al explosivo regocijo de los jóvenes por el inesperado espectáculo no programado que brinda el cielo.
Cuando cesa la lluvia, el Papa pone al costado el discurso escrito y dirige a los jóvenes pocas palabras. Invita a mirar no a él, sino a ese Jesús que está presente en la hostia consagrada sobre el altar. Se arrodilla en silencio y en actitud de adoración. Lo mismo ocurre en la explanada: todos se arrodillan sobre la tierra mojada, en medio de un silencio absoluto, durante una buena media hora.
En Madrid no fue la primera vez que Benedicto XVI se arrodilló delante de la hostia sagrada, en prolongado silencio. Ya lo había hecho en Colonia, en el año 2005, poco después de haber sido elevado al papado, allí también en la vigilia nocturna con miles de jóvenes, ante el asombro de todos.
Al evaluar este papado, pocos han comprendido la audacia de estos gestos contracorriente. Pero cuando Benedicto XVI los cumple y los explica, lo hace con la actitud apacible de quien no quiere inventar nada propio, sino simplemente ir al corazón de la aventura humana y del misterio cristiano.
También Rafael, hace cinco siglos, en ese sublime fresco de las Salas Vaticanas que es la "Disputa del Santísimo Sacramento", puso la hostia consagrada en el centro de todo, sobre el altar de una grandiosa litúrgica cósmica que ve interactuar al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a la Iglesia terrenal y celestial, al tiempo y a lo eterno.
Cuando Benedicto XVI convocó su primer sínodo, en el 2005, lo dedicó justamente a la Eucaristía, y quiso que se proyectara durante todo el encuentro ese fresco de Rafael, en una pantalla colocada frente a los obispos allí congregados de todo el mundo.
De Joseph Ratzinger se han discutido las doctas exposiciones en la universidad de Ratisbona y en el Collège des Bernardins de París, en el Westminster Hall de Londres y en el Parlamento Federal de Berlín. Pero un día se descubrirá que el mayor distintivo de este Papa son las homilías, al igual que antes de él lo han sido para san León Magno, el Papa que detuvo la invasión de Atila.
Las homilías son las palabras de Benedicto XVI que no se tienen en cuenta. Las pronuncia durante la Misa, peligrosamente cercano, entonces, a ese Jesús que está vivo y presente en los signos del pan y del vino, a ese Jesús que – él predica incansablemente – es el mismo que explicó las Sagradas Escrituras a los caminantes de Emaús, en forma tan parecida a los hombres extraviados de hoy, y que se les reveló al partir el pan, como en el cuadro pintado por Caravaggio que está en la National Gallery de Londres, y que desaparece en el momento que es reconocido, porque la fe es así, no es nunca visión geométricamente cumplida, sino que es juego inagotable de libertad y de gracia.
A la fe nula o escasa de tantos hombres de hoy, en las Misas banalmente reducidas a abrazos de paz y asambleas solidarias, el papa Benedicto XVI le ofrece la fe sustancial en un Dios que se hace realmente próximo, que ama y perdona, que se hace tocar y comer.
Ésta era también la fe de los primeros cristianos. Benedicto XVI lo ha recordado en el Angelus de dos domingos atrás. Dijo que el nacimiento del domingo como "día del Señor" fue un gesto de audacia revolucionaria, precisamente porque extraordinario y conmovedor fue el acontecimiento que lo originó: la resurrección de Jesús y sus apariciones posteriores, en su condición de resucitado, entre los discípulos cada "primer día de la semana", es decir, el día del comienzo de la creación.
El pan terrenal que se convierte en comunión con Dios, dijo el Papa en una homilía, "quiere ser el comienzo de la transformación del mundo, para que se convierta en un mundo de resurrección, en un mundo de Dios".
Artículo original en Religión en Libertad

Nadie lo ha dicho, una semana atrás, en el diluvio de homenajes que se desató por el séptimo cumpleaños de Benedicto XVI como Papa: el elemento que más ha develado el sentido profundo de su pontificado ha sido un temporal.

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Entusiasmo y esfuerzo ante lo difícil

Hay de todo en la vida de toda persona, aunque no siempre llegue a tenerse conocimiento verdadero de ello. A veces andamos despistados y seguimos unos caminos, o tomamos unas decisiones, sin haber examinado, previamente, si son los que conducen a un buen fin o si son las mejores y más adecuadas para ser útil, con nuestra personalidad, en la vida. En cualquier edad se presenta esa cuestión, pero hay una en la que tienen especial relieve porque en ella se reciben las primeras dosis de formación humana, en su sentido más completo. Es la edad de la adolescencia; años en los que unos se dejan llevar por la comodidad o la desgana mientras que otros aprenden a luchar - luchando - para no ser una simple cosa sino piezas fundamentales en el desarrollo de la sociedad, tanto en lo material como en todo aquello que hace al ser humano más espiritual. Esto es difícil y exige lucha personal en la que el esfuerzo se ha de mantener vivo y lleno de entusiasmo.
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Pase Cambiado

Había quedado ya claro que lo del dilema mortuorio difícilmente se tenía en pie e intentan darle al toro salida por la izquierda: presentan la muerte del hijo como síntoma de salud; de salud reproductiva pormás señas.

 

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La crisis matrimonial de los 40 años

Es lo que algunos llaman, la crisis matrimonial del medio término. Suele ser una crisis de personalidad, que se produce entre los 35 y los 45 años y que coincide, algunas veces, con la mitad de la expectativa de vida para las personas, en la cual se produce una evaluación de la vida, en base a la comparación entre las metas fijadas y los logros obtenidos.

También se le llama crisis de madurez, ya que de ella puede salirse, con una frustración o con un fuerte equilibrio, y un gran sentido del deber de la pareja, pues a partir de ese momento de análisis mutuo, pueden alcanzar una vida plena, fructífera, equilibrada, con un amplio y mayor sentido del deber, aunque los cambios y las actitudes hayan sido profundos, súbitos y violentos. La diferencia está en convertir esta etapa de crisis y frustración, en una etapa de esplendor futuro.

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