Pasarela Cibeles: Entre la sobriedad y el glamour
Escrito por Josefina Figueras (asmoda.com)Sociedad - Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas
Algunos opinan que ya no hay moda sino “modas”. Y la última edición de Cibeles Madrid Fashion Week parece darles
Este año el Premio a la mejor colección de Cibeles ha recaído en Teresa Helbig una diseñadora barcelonesa huida del desconcierto reinante en las pasarelas catalanas. Su moda tiene tintes románticos y un chic exquisito y depurado. Se inclina por los tonos claros con alusiones al rojo y a un repetido tono mostaza, especialmente en sus modelos en cuero. Tacones de vértigo en zapatos adornados con flecos y unos cinturones metálicos a los que se puede augurar un más que probable éxito comercial.
En la línea romántica hemos visto una de las mejores colecciones de las presentadas por una joven diseñadora madrileña, Alma Aguilar. La sencillez y el romanticismo son las señas de identidad de un estilo femenino y natural .Prendas muy trabajadas en las que destacan jaretas, pequeños volantes, pliegues y frunces en un meritorio trabajo artesanal. Dentro del romanticismo y de la naturalidad de unos looks sin estridencias se puede situar también la colección de los gemelos Ailanto con estampados de flores, tipo acuarela, drapeados, telas ligeras y el mono como una de las prendas protagonistas.
MÁS COMERCIO Y MENOS ESPECTÁCULO
Esta parece haber sido la tónica de algunos veteranos en la pasarela que han buscado una fórmula más práctica y efectiva de promocionar sus creaciones. Adolfo Domínguez no ha querido dilapidar los éxitos de una forma de ver la moda que resiste impertérrita el paso del tiempo. Ha vuelto a su inspiración basada en la reinterpretación de los años 70 con pantalones campana, faldas capa, cortes asimétricos y estampados bicolor. Su opción urbana superó con creces en calidad a sus modelos para la noche que parecían destinados a bailarinas orientales…
Jesús del Pozo ha acudido también a las formas clásicas “reinventadas”. Junto a la sobriedad de un bien cortado sastre verde y otros modelos afines destacaban algunas superposiciones, marcadas asimetrías y distintos largos en un mismo modelo. El blanco estuvo muy presente en casi toda la colección junto a una reivindicación del morado y ramalazos color naranja.
¿Hay algo más comercial que el minimalismo? Esta parece la clave de algunos diseñadores que lo esgrimen como segura fórmula de triunfo. Angel Schlesser combina su extraordinario buen gusto con la opción minimalista: modelos de una sencillez exquisita que a primera vista podrían parecer “más de lo mismo”, pero que tienen siempre un tono contemporáneo que los sitúa en la más absoluta modernidad. Sus cortes son certeros y sencillos compensados con volúmenes redondeados .Cualquier mujer elegiría como básicos su chaqueta smoking color turquesa, sus sastre negro de pantalón ancho o el sastre blanco con pantalón estrecho.
Roberto Torreta sigue también apuntado al minimalismo con una colección que empezó con una gabardina amarilla satinada y siguió con vestidos y sastres pantalón dentro de un estilo que cuenta con sus clientas incondicionales. Modesto Lomba se encuadra también en una línea minimalista dotada una vez más de una ornamentación arquitectónica con recogidos y asimetrías en tejidos más fluidos que los habituales en este diseñador.
Otros “veteranos” se han desmarcado de esta corriente “comercial” y han buscado el espejuelo de las ventas por el camino de la diversidad y el eclecticismo. El caso más claro lo encontramos en Roberto Verino. Su colección, aunque inspirada en principio en el cine francés de los años 60, abarca los estilos más diversos, del vintage al grunge hasta una profusión de modelos en tweed estilo Chanel
GLAMOUR Y COLORIDO
Hannibal Laguna encandiló una vez más con su línea suntuosa, sus vestidos joya y sus bordados sutiles. Repitió tanto su excelente patronaje que en muchos momentos teníamos la sensación de que el traje que desfilaba ya lo habíamos visto dos o tres veces… Su colección llamada “El cisne negro” presentaba un “fourreau” negro con adornos de azabache pero también unos vibrantes modelos en satén rosa y granate. Y vestidos de coctel en blanco y negro de corte princesa con un largo justo a la rodilla.
El mayor lote de colorido vino de la mano de Juanjo Oliva con una serie de vestidos ajustados cortos y con abundantes recogidos y asimetrias con mezclas de color impactantes: turquesa-amarillo, rojo-naranja, amarillo-fucsia…
FIELES A SI MISMOS
Hay diseñadores que lo tienen muy claro. Si una fórmula funciona hay que mantenerse en ella salvo las actualizaciones de rigor. Así lo ha entendido Miguel Palacio. Su colección empezó con unos trajes del negro más absoluto, color que más tarde combinó con el azul marino. Soberbio el vestido blanco con vuelo campana con un cinturón de pasamanería. Abundancia de botones y unas discretas lentejuelas sobre el lujo de la gran calidad de sus telas.
Con un estilo totalmente opuesto Francis Montesinos también es fiel a si mismo y a sus espectáculos que levantan siempre la moral de
Duyos presentó una colección-apta para todas las edades - con estética retro junto a detalles futuristas, una de las más logradas de este diseñador que dulcificó las siluetas, y mostró su habilidad en el manejo del color con estampados animales y tonos empolvados. Victorio y Luchinno siguieron con su nueva línea menos folklórica, pero con el recuerdo fugaz de otros tiempos en forma de algunos volantes moderados y un sin fin de flecos tipo mantón de Manila. Ana Locking llamó a su colección “Inside” que según sus propias manifestaciones “mira hacia dentro, hacia el alma” con siluetas rectilíneas, encajes y escotes asimétricos. Aghata Ruiz de la Prada no se deshizo tampoco esta vez de sus tópicos habituales pero la alegría y la fantasía de sus creaciones volvieron a animar la pasarela con sus invariables corazones y pequeños globos formando un modelo que al final vistió la propia diseñadora al recibir los aplausos del público.
El broche de oro de
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