Nada que envidiar a Livingstone
Sociedad - Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas
Estudiosos de los chimpancés, visitantes del Polo Norte, viajeros del antiguo Oriente, aviadores, navegantes, descubridores de ríos, cordilleras, océanos y continentes...Los aventureros españoles son muchos, pero poco conocido.
La palabra explorador se asocia al salakov, selvas impenetrables e ingleses sudorosos, pero repeinados. Y sin embargo, podría ligarse al siglo xv y los barbudos españoles que se lanzaron hacia el fin del mundo para descubrir el continente americano.
Los españoles han sido grandes viajeros, valientes exploradores y osados conquistadores, pero “como la gran época de la exploración ha sido el siglo xix y ahí han sobresalido los ingleses, que han hecho héroes a sus viajeros y se han publicitado muy bien, lo español ha quedado en un segundo plano”, explica Lola Escudero, secretaria de la Sociedad Geográfica Española, la editora junto a GeoPlaneta y con el patrocinio de Cáser Seguros, de El Atlas de los exploradores españoles. Más que una obra enciclopédica (que lo es) este Atlas es un libro de aventuras.
Porque lo son las proezas protagonizadas por Francisco de Orellana, que se embarcó en una balsa junto a 56 hombres para descender el inmenso río Amazonas, una odisea en la que tuvieron que enfrentarse a mujeres guerreras, flechas envenenadas y miles de kilómetros de aguas salvajes.
Son aventuras los viajes de españoles que optaron por disfrazarse de mahometanos para poder desplazarse por Oriente. Lo hicieron entre otros, Joaquín Gatell y Folch (Kaid Ismail) y José María de Murga y Mugártegui (El moro vizcaíno) para zambullirse en el corazón de Marruecos. Las singladuras atrevidas abundan en la Historia de estos hombres valientes. Núñez de Balboa atravesó centroamérica y descubrió el océano Pacífico; Hernando de Soto fue el primero en cruzar el río Mississippi, Alvar Núñez Cabeza de Vaca estuvo siete años perdido en el sur de Estados Unidos, se integró en las tribus indias y llegó a ser uno de sus chamanes; Pedro Páez fue el primero que descubrió las fuentes del Nilo azul en África, llegó allí dos siglos antes que el británico James Bruce, pero a éste se le atribuyó el mérito; la monja Egeria, una abadesa gallega viajó a Oriente Próximo en el siglo iv d C y narró sus andanzas en unas cartas que son la primera guía de viajes española...
Los españoles han sido inquietos desde antiguo. Ahí está, por ejemplo, la impresionante travesía de Al-Ghazal, el erudito al que Abderramán II encargó que encabezara una legación diplomática al territorio vikingo del siglo viii d C. Es una pena “el desconocimiento que se tiene de nuestros exploradores y viajeros. Para mucha gente su nombre sólo es el de una calle”, dice Lola Escudero.
Este Atlas ayuda a conocer mejor las increíbles epopeyas de 198 de ellos. Los hay de todos los tiempos, Ruy Gonzáles de Clavijo, por ejemplo, es comparable en época y sabiduría a Marco Polo. Juan Bermúdez fue un marino del siglo xvi que en 25 años cruzó el océano Atlántico en 22 ocasiones, una plusmarca imbatida en su siglo y el siguiente, pero la travesía que le ha hecho ocupar un lugar destacado en la Historia de la Geografía fue la que zarpó de Sevilla en julio de 1505 rumbo a los asentamientos españoles en las Indias. El intrépido Bermúdez decidió cambiar el rumbo en su ruta de regreso lo que le llevó a toparse con unas islas desconocidas: las islas Bermudas, llamadas así en su honor.
América, océanos, mares y ríos, África, Asia, Oriente, los desiertos y las tierras heladas... son los paisajes visitados por los exploradores españoles. Y también los hay con salakov, como Manuel Iradier, que consiguió la soberanía española para lo que hoy es Guinea Ecuatorial, un vitoriano del siglo xix que en su periplo africano contactó con decenas de tribus y realizó estudios antropológicos, zoológicos, etnológicos y lingüísticos. Nada que envidiar a Stanley o Livingstone.
Benjamín de Tudela (1130-1175)
Benjamín Ben Zona, era un rabino judío políglota y experto comerciante que nació en Tudela (Navarra) hacia 1130. Comenzó su viaje en Zaragoza y regresó 14 años después a París. Su intención era elaborar un informe sobre la vida y costumbres de los judíos del mundo y para documentarse estuvo, entre otros lugares remotos, en Génova, Corfú, Jerusalén, Damasco, Mosul, Ceilán, Egipto, e incluso es posible que llegara a China. Mientras realizaba su asombroso periplo, tomó notas y escribió un informe comercial pormenorizado que es una interesante crónica con apuntes de geografía y un ensayo costumbrista, donde también tienen cabida la etnografía y la sociología.
Ruy González de Clavijo (Madrid, ?-¿1412)
En 1403 el, rey Enrique III de Castilla (de quien era camarero) le encargó que encabezara a una embajada a Samarcanda (hoy en Uzbekistán) capital del imperio timúrida y gobernada por el temible y cruel gran Timur apodado El Cojo. Era la respuesta castellana a la expedición que el reino de Tamorlán (así se conocía a Timur en Occidente) había enviado años antes. Además, era importante establecer rutas comerciales y a la vez dar una imagen de poderío para el rey castellano (todavía era reciente la derrota de los cruzados en Nicópolis).
La expedición partió en mayo de 1403 en barco desde el Puerto de Santa María, recaló en Rodas, Constantinopla y después continuó por la orilla del Mar Negro hasta arribar a Trebisonda. El rodeo era necesario para evitar los dominios del sultán turco y llegar hasta Persia, entonces en manos de los mongoles. Pagaron peajes abusivos, se adentraron en tierras ásperas, atravesaron Armenia, cruzaron el desierto del Turquestán y por fin llegaron a Samarcanda, 16 meses después de haber zarpado de España.
Allí permanecieron 75 días y obtuvieron interesante información de la zona y sus costumbres. El regreso fue duro y penoso, pero tuvo final feliz: en marzo de 1406 llegaron a Alcalá de Henares.
Fruto de aquella increíble aventura es un libro de título kilométrico: Historia del Gran Tamorlán e itinerario y narración del viage y relación de la embaxada que Ruy González de Clavijo hizo por mandado del muy poderoso señor rey don Enrique tercero de Castilla. Una joya cuya redacción se atribuye al explorador madrileño, y que se publicó en 1582.
Vasco Núñez de Balboa
Parece que fueron las deudas las que animaron a este hidalgo extremeño con vida de pirata bueno a embarcarse a hacer las américas. Una vez allí demostró una especial habilidad para negociar con las tribus y una osadía ilimitada. Fue él el primero en atisbar el océano Pacífico al que puso ese nombre por la calma de sus aguas. Y lo consiguió gracias a su tesón: había oído hablar a los indígenas de la existencia de otro gran mar y se empeñó en comprobarlo. No fue fácil obtener los permisos y pertrechos necesarios para su expedición: la relación de Núñez de Balboa con las autoridades fue de cambios bruscos. Fue polizón, alcalde de la primera ciudad de la América continental, Santa María la Antigua del Darién; gobernador del Darién; preso por conspiración y rebeldía, fundador de Acla (en Panamá) y finalmente condenado a muerte y ejecutado en 1519.
Las acusaciones contra él eran falsas y su caída se debió a intrigas políticas. Vasco Núñez de Balboa fundó villas, construyó astilleros, pactó con los caciques locales, atravesó selvas impenetrables, descubrió un océano, conoció la autoridad y la prisión, fue todo un aventurero.
Francisco de Orellana
En 1541 partió de Quito una expedición liderada por Gonzalo Pizarro. El objetivo era hallar el reino de El Dorado y el País de la Canela. El grupo quedó estancado en la selva y Pizarro encargó a su primo Orellana que se embarcara con un grupo de hombres para buscar víveres. La avanzadilla no regresó. No pudo, la corriente hizo imposible la vuelta atrás. Continuaron y protagonizaron una hazaña épica: recorrieron el inmenso Amazonas. En un bergantín reconstruido por ellos mismos, los españoles se enfrentaron a mujeres guerreras (las amazonas), a caníbales, insectos y flechas envenenadas. Pero eso no fue lo más terrible: al final de la aventura a Orellana le aguardaba una acusación de traición formulada por Gonzalo Pizarro. Después Orellana intentó colonizar el Amazonas, pero no lo logró. Murió de fiebres en su desembocadura.
Junto a 60 hombres recorrió el rió más largo y caudaloso del mundo, el Amazonas.
José Celestino Mutis
Fue botánico, médico, cirujano, astrónomo, matemático, asesor de virreyes y en Colombia se le considera como uno de los padres fundadores de la nación. Su sabiduría contribuyó a mejorar las técnicas de extracción de la plata de las minas americanas y también transformó el sistema de enseñanza de la medicina. Este hombre sabio encabezó la Real Expedición, una aventura científica que proporcionó una información botánica valiosísima.
A Mutis lo admiraron Linneo y Alejandro Humbdolt y fue el autor de maravillosas láminas (pintadas del natural) y de obras como Flora del Nuevo Reino de Granada e Historia Natural del Nuevo Reino de Granada. Fue crucial su labor en el estudio de la quina, la planta con la que se combatían el paludismo y otras fiebres. Se preocupó de sus especies, cultivo, recolección y estudió sus propiedades.
Celestino Mutis (antepasado del escritor colombiano Álvaro Mutis) es un célebre hombre sabio.
Adolfo Ribadeneyra
Adolfo Ribadeneyra nació en Chile pero a los siete años se trasladó a España y a los 21 ingresó en el cuerpo consular. Fue diplomático, orientalista, viajero y escritor.
Sus obras, como De Ceylán a Damasco o Viaje al interior de Persia son precursoras de la literatura de viajes. Como diplomático estuvo destinado en Damasco y Teherán. Fue un observador agudo, políglota y un perspicaz estudioso de las costumbres y la Historia de los lugares que visitó: fue uno de los primeros en negar que la torre de Babel se correspondía con la de Bir Nimrud.
Alepo, Mosul, Bagdad, el Golfo Pérsico, Karachi, las entrañas de la Persia del siglo xix, Ceilán y la India son algunos de los destinos de este pertinaz viajero. Una de las rutas que realizó le llevó desde la zona arábica hasta la península de India.
Comparte esta página en tu red social Seguro que alguien te lo agradece
