Las aguas del sentimiento
Escrito por Manuel de la Hera Club Alba (GEA-Cádiz)Sociedad - Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas
Existe preocupación por el estado de la sociedad, del mundo en que vivimos. Los analistas señalan profundos cambios de poder en un futuro no muy lejano, y algunos indican que ese cambio ya se ha empezado a producir. Sea como fuere, sí que importa que quienes dirijan ese cambio sean personas muy bien dotadas cerebralmente, inteligentes en grado sumo y con almas en las que rebosen las aguas del sentimiento del amor a la humanidad.
A veces nos dicen de alguien que es una persona cerebral cien por cien. Nos lo dicen con admiración hacia esa persona y, efectivamente, gusta conocer sus razonamientos sobre cuestiones importantes de las ciencias o del ajedrez, por ejemplo, pero no acaban de estar a tono cuando se trata de cuestiones en las que el ser humano es el que está en el centro de ellas, y dado que los seres humanos estamos en todas partes y cada uno con su perfil propio, tan distinto del de los demás aunque sólo lo sea en pequeños detalles, resulta que la actividad de la sociedad les resulta ajena a aquellas personas de las que nos dicen, con admiración, que son cerebrales cien por cien. Para que puedan ser útiles a las necesidades de la sociedad, tanto las de pequeño calado como las de suma importancia y complejidad, sería necesario que pudieran contemplar y gustar las aguas del sentimiento.
Estas aguas son totalmente necesarias para los seres humanos, pero hay que tener cuidado con ellas porque a veces se desatan y pueden hacer tanto daño como las del "tsunami" que, días atrás, arrasó extensas zonas del sur de Asia, llevándose por delante todo lo que encontraba a su paso, fueran personas y otros seres vivos, así como materiales de todas clases. Así que bien venidas sean esas personas dotadas de buen cerebro y que, al mismo tiempo, tengan capacidad para ser sensibles a las tranquilas y ricas aguas del sentimiento humano. La sociedad las necesita para lograr un desarrollo equilibrado.
La sociedad, y con ella la convivencia, está necesitada de que se sientan, que se palpen, que se vivan los sentimientos humanos. Sentimientos limpios que no manchen las conciencias. Sentimientos puros, sin mezcla alguna, que aporten la totalidad de su riqueza. Sentimientos que sean capaces de cambiar, a mejor, los deseos que se puedan sentir en cada momento de la vida. Sentimientos que nos hagan ver lo mucho que hay que ayudar a tanta gente que tiene dificultades en la vida. Sentimientos que nos hagan huir de nosotros mismos para unirnos a quienes trabajan por la comprensión de cuanto desune a la humanidad. Sentimientos por amor.
Es que los seres humanos necesitamos especialmente que se nos considere con amor, e igualmente necesitamos poder hacer llegar a toda otra persona el aliento del amor; el aliento de quienes ofrecen su vida por salvar la de otros, cosa que no tiene precio sino que hace sentir que de nada vale la vida propia si no se sabe estimar la de otra persona cualquiera. Ese es el valor regenerador de las acariciadoras aguas del sentimiento humano, libre de toda clase de impurezas. ¿Pensamos alguna vez en la pureza de esos sentimientos que se entregan sin pedir nada a cambio? Si pensamos en ello estaremos elevando nuestra alma a Dios, que es Amor.
La sociedad, el mundo en general, está muy necesitada de personas con la mente bien dotada para comprender problemas de organización y de solución de defectos materiales, pero nunca se solucionarán de forma clara y concreta si no se tiene el alma preparada para encauzar debidamente las aguas del sentimiento humano, reflejo del amor de Dios, y hacerlas llegar a cuanta persona forma parte de la sociedad, del mundo que habitamos y del que debemos ocuparnos, sin descanso, para lograr que la gente que sufre empiece a sentirse mucho mejor.
No deja de sentirse preocupación por el estado de la sociedad, del mundo en que vivimos. Los analistas señalan profundos cambios de poder en un futuro no muy lejano, y algunos indican que ese cambio ya se ha empezado a producir. Sea como fuere, sí que importa que quienes dirijan ese cambio sean personas muy bien dotadas cerebralmente, inteligentes en grado sumo y con almas en las que rebosen las aguas del sentimiento del amor a la humanidad.
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