Entonces... brillará la esperanza
Escrito por Carlota Sedeño Martínez - GEA MálagaSociedad - Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas
Nos encontramos inmersos en una sociedad tecnológica, disfrutamos de grandes avances científicos y el bienestar material es evidente. Parece ser que vivimos en el mejor de los mundos posibles y, sin embargo, algunos filósofos occidentales han hecho una campaña, durante mucho tiempo, en contra de las falsas pretensiones de los valores superiores dé la civilización tecnológica.Mumford habló del "pentágono de poder" consistente en el progreso, el beneficio, la productividad, la propiedad y la publicidad. Afirmó que si continuaba libre en sus operaciones podía provocar un desierto ecológico, cultural y personal. Se podría llegar a la destrucción de nuestro planeta a menos que la filosofía, la educación y todos los demás medios disponibles fueran utilizados para recrear actitudes que sitúen a la dignidad humana, y no al avance material, en el centro de la sociedad.
Por otra parte, el mundo parece haber entrado en el siglo XXI con una nota de individualismo desenfrenado. El ser humano se aísla, a veces, de su contexto social y del conjunto de sus obligaciones sociales. La excesiva concentración en los derechos individuales también oscurece el concepto de obligaciones que es tan esencial para una visión del concepto de derechos humanos.
Hoy, muchos tratan de sacar partido de la comunidad en la que viven sin ofrecer a cambio su contribución. El apoyo dado al individualismo por las teorías darwinianas de la selección natural contribuye al desarrollo de actitudes individualistas.
La despiadada "ley de la selva" se impone así a la conducta humana y se produce un comportamiento separado de toda consideración moral. La exaltación de la riqueza como un fin en sí misma es un reflejo del individualismo de la época.
De todo lo anteriormente expuesto se deduce claramente que existe una parálisis moral que deja a muchos inmóviles, inertes, pasivos. Hay otros factores que contribuyen a esta parálisis moral: el rechazo a salir de un modo de vida cómodo, aunque vacío; la actitud de no informarse adecuadamente y dejarse ser manipulados por los medios de comunicación social; un cierto convencimiento de la inutilidad de las acciones individuales; el no rechazo de beneficios que fluyen de la injusticia; sentimientos de frustración, etcétera.
Muchos pensaron que la sola razón humana sería capaz de proporcionar a la humanidad las llaves de un reino de equilibrio, justicia y paz. Todo el bagaje de conocimientos y el progreso material alcanzado por la civilización occidental no ha servido para alcanzar un orden social justo basado en la sola razón.
Como resultado de todo lo anterior, muchos que se burlaron de la religión están volviendo a ella. Quizá no seamos conscientes de que se está creando un clima en el que se está construyendo un resurgimiento espiritual sin precedentes.
Según C. G. Weeramantry, que fue nombrado vicepresidente del Tribunal Internacional de La Haya, un gran numero de personas, incluyendo algunos de los elementos más preocupados y progresistas en cada nación, están recurriendo a la religión cuando las alternativas que ofrecían esperanza en el pasado han ido fallando una a una.
Una encuesta de la revista "Life", publicada hace pocos años, mostraba que un número asombroso de gente reza actualmente. Según dicha encuesta, él 51% reza una o dos veces al día y el 24% tres o más veces al día. Mientras la mayoría, 47%, reza durante cinco minutos o menos, el 28% reza durante una hora o más. Una gran proporción, el 92%, pide perdón en sus oraciones. A la pregunta "¿han sido sus oraciones alguna vez respondidas?" El 95% contestó afirmativamente.
Y es que, sin Dios, el ser humano es insuficiente para su propia vida porque la vida no puede ser vivida inteligente o vitalmente sin un conocimiento de su significado y de su fin, sin el estimulante de la esperanza, sin la clara comprensión de las leyes por las que la vida deberá alcanzar su objetivo. Nada de esto puede obtener el ser humano si omite a Dios. Por el contrario, si se abre a Dios comprobará que la luz se irá haciendo en su vida, brillará entonces la esperanza.
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