ageanet.es. Más cultura, más libertad

Inicio Secciones Sociedad Religión Caso Towle: El secreto de confesión no fue violado

Caso Towle: El secreto de confesión no fue violado

PDFImprimirE-mail
Escrito por ACI

Sociedad - Religión

Contrariamente a lo que ha revelado la prensa, el secreto de confesión no ha sido violado por el sacerdote de Nueva York


El Padre Joseph Towle, un sacerdote del Bronx, cuyo testimonio fue crucial para la liberación de dos hombres no rompió el secreto de confesión en contra de lo que ha señalado la prensa internacional. El presbítero así lo ha señalado en numerosas ocasiones como señala la agencia ACI
 

José Morales está sufriendo prisión por un crimen que en realidad no había cometido. El culpable es Jesús Fornes, que en un rapto de arrepentimiento, reveló al P. Towle que él había apuñalado una noche a José Antonio Rivera en 1988.

Dado que se venía juzgando a José Morales por el caso, el sacerdote instó al asesino a acudir a la Justicia para tratar de que no condenara al hombre equivocado. Y aunque Fornes prometió seguir el consejo, finalmente se quedó callado. Luego, el propio Fornes también murió asesinado en 1997.

Cuando el juzgado se encontraba a punto de sancionar contra Morales el P. Towle, decidió revelar la verdad, que le había sido revelada no en confesión, sino durante una conversación de evidente carácter confidencial.

La prensa, sin embargo, ha visto en el hecho una ocasión para señalar que la vida de un hombre había sido salvada gracias a la “violación del secreto de confesión”.

Nunca se violó el secreto
“No hay nada en mi vida con lo que yo sea más cuidadoso que una confesión”, dice el Párroco de la Iglesia de San Ignacio en el Bronx, al explicar que su charla con el asesino no fue una auténtica confesión en el sentido sacramental, sino una charla íntima, entre amigos. Por eso, y porque el propio asesino había hablado con otros testigos sobre su crimen, dice también que él no violó ningún secreto, sino que simplemente repitió lo que el asesino ya había revelado.

En efecto, luego de desahogarse con el cura, Fornes contactó al defensor de Morales, Stanley Cohen, a quien también le confesó todo. Pero luego el asesino habló con otro abogado, que le recomendó mantener la boca cerrada. Entonces, Fornes no se presentó a declarar cuando tuvo que corroborar personalmente su confesión. Así, sólo un primer testimonio de la verdad del crimen llegó al tribunal. En ese entonces, el juez no lo admitió como prueba.

Por este motivo, el P. Towle decidió actuar, consultando a su Ordinario, el Cardenal Edward Michael Egan, Arzobispo de Nueva York. La Arquidiócesis consideró que la conversación que el sacerdote Joseph Towle mantuvo con Fornes no fue una confesión sacramental y por tanto alentó a Towle, a quien describió como “un reputado sacerdote jesuita” a contar lo que sabía a la Justicia.

El Juez Dennis Chin declaró la liberación de Morales, indicando que “ningún jurado hubiera condenado a este hombre si se hubiera enterado de la confesión de Fornes”. Según el juez, lo que llevó al asesino a confesar su secreto fue la “culpa” que le producía que gente inocente fuera a la cárcel por algo que él había hecho. “Fue el momento mayor de redención de su vida”, dijo Chin.

La confesión también sirvió para ayudar a Rubén Montalvo, miembro de una pandilla llamada “Wolf Pack”, que era la que estaba enfrentada con Rivera. A esa banda también pertenecía Peter Ramírez, que junto con Fornes fue quien apuñaló a la víctima. Ramírez fue atrapado por la policía y se suicidó cuando lo estaban procesando.

Montalvo todavía está en prisión, pero el juez Chin instó a sus abogados a que hagan la apelación para poder liberarlo.

Morales recuperó su libertad el martes, abrazando a su madre que lo esperaba con lágrimas en los ojos. Luego, fue a visitar al hijo que nació hace 12 años, cuando él ya estaba detrás de las rejas.

Inviolabilidad de la Confesión
Ni siquiera en un caso como el de Morales un sacerdote está autorizado a violar el secreto de confesión. Tanto el Catecismo como el Código de Derecho Canónico son categóricos al respecto. El Catecismo señala que “dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas”.

El Código, por su parte, señala que “el sigilo sacramental es inviolable, por lo cuál está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por el motivo que sea”,

El Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica Argentina (UCA), el P. Carlos Heredia, explicó al diario “Clarín”, que le consultó al respecto del caso de Nueva York, que existe, además, en la Iglesia el “secreto de oficio”, equivalente en el ámbito civil al secreto profesional. Se trata de una categoría de secreto que puede ser dejado de lado si existe una razón grave, como el riesgo de una vida o de una severa corrupción moral si se lo guarda. Pero no tiene nada que ver con el secreto de confesión.



Comparte esta página en tu red social Seguro que alguien te lo agradece